lunes, 13 de febrero de 2012

CONSCIENCIA PERCEPTIVA


Hay un antídoto para la falta de sentido y establece que tu vida tiene un propósito. Tú determinas ese propósito en el nivel del alma y, entonces, ese propósito se desarrolla en la vida diaria como parte del plan divino. Mientras más profunda sea tu conexión con el plan, más poderoso será éste en tu vida. En última instancia, nada puede detenerlo.

Al escribir acerca del camino espiritual llegué a un punto en el cual sentí deseo de poder prescindir de terminología como alma, Dios y espíritu. Dado que sólo existe una realidad, no necesitamos un vocabulario separado y mundano para la existencia de todos los días y otro vocabulario especial para la existencia superior. O todo es espiritual o nada lo es. A los ojos de Dios, el hecho de caminar sobre las aguas so es más milagroso que la hemoglobina cuando se mezcla con el oxígeno dentro de un glóbulo rojo. Ninguno de los dos fenómenos es visible para nosotros pero ambos pertenecen al esquema infinito del desarrollo de la creación.

No obstante, tal parecería que una vida llena de propósito y significado debe estar más cerca de Dios que una vida invertida en la más caótica confusión. El dualismo se apega a nuestra mente de manera muy poderosa y no podemos evitar pensar en términos de alto y bajo, mejor o peor. Lo que resulta difícil comprender es que Dios, al no desear nada tampoco exige nada de nosotros. En términos espirituales, ninguna vida es más o menos valiosa que otra. El ladrón de hoy renacerá como el santo del mañana y viceversa. ¿Funciona ese plan en términos prácticos? Una característica central es el tema de la percepción.

Cuando eras un bebe, te percibías a ti mismo de manera muy limitada. Lo que no podías solucionar o comprender pasaba a ser responsabilidad de tu padre o de tu madre. Ellos te alimentaron hasta que pudiste hacerlo solo, te dieron un refugio hasta que pudiste dártelo a ti mismo, etc. A medida que te volviste más capaz, cambió tu sentido de dónde estabas parado en relación con el mundo. En otras palabras, cada paso hacia la autosuficiencia cambió tu percepción.

El plan divino es igual. Al principio, el poder personal es muy limitado. El ego asume que debe proveer y lo hace través de tomar lo que quiere y rechazar lo que no quiere. En este nivel, la percepción se limita al individuo y la amplitud de la visión es reducida. Lo que beneficie al “yo, mi, y mío” es todo lo que importa. Al ego no le interesa cómo se interconecta el ser con todo lo demás. Resulta irónico que es justo en este nivel, donde le damos a las fuerzas externas la autoridad de dictar los sucesos, que el ego se siente más poderoso.

A medida que la percepción se expande, sucede lo mismo con el potencial interno. Más allá del ego, un círculo más amplio, que incluye el “yo, mi, mío”, se expande en todas direcciones. En el plan divino, una persona puede expandirse sin límites al nivel del alma. Tú comienzas a ser testigo de lo increíble que es la organización de la creación, con perfecto cuidado e inteligencia infinita. Dado que Dios tiene inteligencia infinita, mientas más se expande tu percepción, más cerca te encontrarás de Dios. Ni siquiera existe la necesidad de buscar sino sólo de contemplar.

Al final, todo ya es Dios; así que sólo es cuestión de percibir a una profundidad cada vez mayor hasta que Dios te sea revelado. Tú adquieres una visión que está sintonizada con los aspectos más finos de la belleza y la verdad. Una de las grandes bendiciones de la existencia es que todo el mundo nace con un deseo por ver más. Ésa en la razón por la cual los sabios de la India creían que incluso el hecho de pensar en Dios es señal de que es seguro que aparezca algún día. Resulta que la expansión de la conciencia es el plan divino. No existe otro. En tanto que tu conciencia continúe en su proceso de crecimiento, tú adquieres cada vez más certeza de que también formas parte del plan divino. Nada más se te exige ni se te ha exigido nunca.

Deepak Chopra



No hay comentarios:

Publicar un comentario